domingo, 10 de enero de 2016

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Apertura de la Puerta de Amayuelas

Shalom, lectores. Siempre fue "La Voz", como corresponde a todo semanario local, termómetro de opinión pública y escenario de encendidas polémicas, productivas unas, estériles las más, pero en cualquier caso, interesantes y atractivas todas ellas. Traemos hoy a esta sección uno de esos debates, verdaderos duelos a múltiples bandas y en letra impresa. La mecha que encendió la controversia que hoy nos ocupa fue un editorial publicado en el nº 3 de La Voz, el día 27 de Julio de 1952. Ante los avances de la automoción en los primeros años 50, que habían hecho del automóvil y los autobuses objetos cotidianos, abandonando la condición que hasta poco antes ostentaban, cercana casi a los fenómenos de feria, se planteó la necesidad de habilitar nuevos accesos al recinto amurallado, de dimensiones adecuadas para el tráfico rodado. El editorial citado decía: "No hace mucho, visitó nuestra ciudad un autorizado arquitecto del Ministerio de Educación Nacional, y ante el municipio expuso un proyecto de entrada al recinto amurallado que se conoce con el nombre de entrada de la "Puerta del Rey". Si este proyecto se lleva a cabo, la solución sería altamente satisfactoria para toda la población. Pero si, por la magnitud de la obra, fuere irrealizable, podría hacerse el estudio de lo que a continuación diremos. A la izquierda de la Puerta de Amayuelas, por la parte externa de la ciudad, queda un lienzo de muralla a nuestro juicio practicable, que tal vez viniera a solucionar el problema a gusto de todos...". No conozco más datos de este denominado proyecto de "La Puerta del Rey" y, por tanto, no sé exactamente en qué consistía. Lo cierto es que dicha Puerta del Rey existió antaño en nuestra ciudad, en el sitio que hoy conocemos como La Brecha, siendo cegada por necesidades de defensa, como consecuencia de los asedios de 1810 y 1812.


            
Por informaciones sucesivas de La Voz, parece que este proyecto de la "Puerta del Rey" fue desestimado y se comenzó a estudiar la posibilidad de ensanchar alguna de las puertas ya existentes, posibilidad contra la que, con razón, se levantó pronto la voz de este periódico. Así, en un editorial de 17 de Mayo del 53 (nº 45) y bajo el título Proyecto de atentado al histórico recinto de nuestra ciudad, se decía: "Y son precisamente víctimas elegidas, nada menos que dos de sus más antiguas e interesantes puertas, las más visibles y de más frecuentado acceso a la ciudad: la de las Amayuelas y la del Conde (...) Y son casualmente también cultos e ilustre hijos de Ciudad Rodrigo los que con ánimo desalentado hacia otra solución más acertada, aceptando la peor, dispónense a la hora presente a gestionar con calor la concesión del primer piquetazo deformador al conjunto de nuestro incomparable recinto amurallado (...) ¿Es que para proporcionar amplia entrada a los coches de línea y autocares no existe otra solución que la destrucción (que tal supone la deformación pretendida) de la singular Puerta de Amayuelas?"
            Ningún suceso que se califique como tal, merece ser recordado si no levanta divergencias, y uno de tal calibre como este, lógicamente, pronto contó con defensores y detractores, cuyas voces, unas y otras, quedaron recogidas en estas páginas. Entre los detractores, recogemos la opinión de una ilustre colaboradora de este periódico en sus primeros años, Margarita Landi, que en un artículo publicado el día 19 de Julio del 53, (nº 54), decía: "...se lamenta Carpio de Azaba de que los años pasan sin que se llegue a abrir otra puerta de acceso a la muralla. ¡Afortunadamente, y que Dios quiera que sea así! (...) Y si cree que Ciudad Rodrigo sólo sería en ese caso interesante para los turistas  ¿Ignora que "eso" ya es un buen negocio? (...) Ciudad Rodrigo no tiene, ni creo que llegue a tenerlo nunca, un gran movimiento comercial incompatible con sus murallas añosas y con su admirable ambiente medieval. (...) Ese comercio puede estar perfectamente fuera de las murallas, si es que llega el momento preciso, sin perjudicar en nada al del interior (...) Que los arrabales crezcan, se limpien y se embellezcan, pero que la ciudad madre quede así, dormida en la Edad Media, como un corazón bravo y noble encerrado en el santuario de su muralla medieval".


            
Como se ve, lo que en un principio fue una polémica sobre los accesos a la ciudad derivó, pronto, en una discusión conexa sobre el carácter, monumental o industrial de la propia ciudad o, al menos, sobre el más conveniente futuro de la misma, el comercio o el turismo. Entre los defensores del comercio en la ciudad y de la necesidad de protegerlo, recogemos la opinión de Manuel Martín G-Apola, en un artículo del 2 de Agosto del 53, (nº 56): "...Hay que dotar al comercio de la ciudad de los medios necesarios para defenderse de la competencia que en día más o menos lejano se instalará en San Francisco, si el Señor lo permite. Uno de estos medios es el fácil acceso. Tengo el convencimiento de que no hay que tocar lo "monumental o artístico". Con dar mayor ancho y alto a las bóvedas de Amayuelas y Sol, está todo concluido. Y para esto tiene muchos medios la ingeniería actual. (...) Yo también estoy enamorado de lo histórico, monumental y belleza arquitectónica de Ciudad Rodrigo, pero de hombre de pluma, para lo que sentí ilusión, me quedé en hombre de negocios. Y las consecuencias ya las está viendo."

            Finalmente, La Voz, en su nº 58 del 16 de Agosto de 1953, informaba de la solución definitivamente adoptada por las "altas instancias": "El proyecto en sí, nos llena y nos satisface en todas sus partes (...) porque además, se da la coincidencia de que es la misma solución que daba nuestro semanario en su número del 27 de Julio del 52. Consiste en abrir una bóveda a la izquierda de la Puerta de Amayuelas, en la parte externa de la ciudad, en el lienzo de muralla que se considera adecuado para la obra, Con esta reforma no se toca, en nada, la entrada que en la actualidad existe y que para nosotros es la más interesante del recinto amurallado".


            
Quedaba así zanjada la polémica, al menos la relativa a como facilitar el acceso de autobuses y automóviles al recinto amurallado. En cuanto a la discusión paralela acerca del Ciudad Rodrigo turístico-Ciudad Rodrigo comercial, la consideramos cerrada con un magnífico artículo de Alejo Hernández (nº 59, 23 de Agosto de 1953), del que, a riesgo de extendernos demasiado, no nos resistimos a entresacar los siguientes párrafos: "Lo primero, a mi juicio, es plantear bien el problema. No debe tratarse este asunto haciendo de él un dilema: "O ciudad artística o ciudad industrial". Hay que armonizar en vez de establecer disyuntivas. (...) El que exista una ciudad poética llena de espirituales aromas del medievo, como un marco arquitectónico para conservar nuestras leyendas tradicionales, no impide el que haya otra ciudad artesana y laboral a su lado, donde el sanchopancesco aforismo de primum vivere, deinde philosophare sea tenido en cuenta lo que sea menester. (...) Cuando se detiene un camión cargado de hortalizas o chatarra bajo el arco gótico en que puso toda su espiritualidad un maestro del siglo XIV, ni el arco se encoge ni la mercancía se perfuma. La sabia naturaleza los separa bastante para que coexistan indiferentes; no se oponen el arco con su belleza, la mercancía con su utilidad y Dios deja que el hombre seleccione: este puede entusiasmarse en la contemplación de las líneas armónicas, el otro puede gozar el cálculo de los precios marginales de una posible reventa. Hay para todos los gustos". Después, interpretando maravillosamente el popular "Dentro de cien años, todos calvos", Alejo Hernández concluía: "El día en que todo se pierda vamos a tener que dejar a la misma distancia lo artístico y lo práctico, ni un canecillo labrado ni una letra con buen aval nos hemos de llevar en el bolso de la mortaja...". Gran interpretación la de Alejo Hernández de la teoría del centro entre los extremos, postura la suya poco práctica si se quiere, pero indudablemente de bellísima expresión.


            
Como último recorte que entresacamos del archivo de La Voz, el día 22 de Agosto de 1954 (nº 111) se publicaba la siguiente noticia: "En el Boletín Oficial del Estado del pasado día 13, se publicó la aprobación del trazado de acceso que se tenía proyectado para hacer una entrada amplia en la muralla hacia el interior de nuestra ciudad por la Plaza de Amayuelas..."
 ¡Hecho consumado!. Ventajas, muchas; inconvenientes, quizás los mismos. Probablemente, para los más castizos, la mayor desventaja de la nueva Puerta fuera ver desaparecer una de las más seguidas atracciones en el Ciudad Rodrigo de los años cuarenta: las increíbles maniobras del Sr. Gudinho para introducir los autobuses de Alipio en la ciudad por la Puerta del Conde. ¡Aquellos tiempos que no volverán!


            Nada más por hoy. Como siempre, buena suerte para la semana entrante. Mazel Tov.      

sábado, 9 de enero de 2016

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Presentación

Allá por 1992 o 1993 (ni me acuerdo ni tengo los ejemplares a mano), el Director de la “Voz de Miróbriga”, Pepe Casamar,  me preguntó si podría hacer una colaboración semanal con dicho periódico. Del estricto cumplimiento de la periodicidad que me solicitaba (dada mi inveterada falta de constancia) no estaba seguro, pero si que tenía ganas de hacerlo. Aprovechando que (por aquellas fechas) se celebraban los 40 años del nacimiento de “La Voz” decidí centrar dicha colaboración en preparar comentarios sobre las noticias aparecidas en ese medio justo 40 años atrás, para lo cual Pepe Casamar, amablemente, me prestó sus ejemplares encuadernados de los primeros años de existencia del semanario local (lo cual, como podréis imaginar, supuso para mí un goce inenarrable).  

La sección se llamó “Cuarenta años no es nada”, recordando la letra del famoso tango y los artículos iban firmados por “Lumbroso”,  nombre documentado de uno de los habitantes de la Aljama judía de Ciudad Rodrigo a finales del siglo XV, poco antes de la Expulsión... Es mi intención colgar en este blog los escasos artículos que pude dar a luz. Unos serán absolutamente literales, otros los arreglaré con datos nuevos y todos los enriqueceré con  imágenes de las que, entonces, no disponía y que hoy están a mi alcance y al de todos aquellos que quieran sumarse a ese gran proyecto que es el Grupo de Facebook “Fan de Ciudad Rodrigo”.  Éste que os reproduzco ahora es el primero de los artículos de aquella serie... 

            "Judío soy, o lo fui, no estoy seguro. De nombre Lumbroso, mercader, Procurador de la Aljama y vecino de ese Ciudad Rodrigo amado, tan amado por mi que para continuar entre sus muros hube de abjurar de la fe de mis mayores en un lejano día, más de quinientos años ha. Desde ese día viví penando, temeroso, pidiendo perdón a Yahveh por haberle abandonado y al Dios de los cristianos por alabarle sólo en público, negándole en la intimidad de mi casa, en una judería sin judíos, frente a una sinagoga que ya no lo era.

            Y esos temores no me abandonaron hasta el día de mi muerte, cuando comprobé que el Yahveh que negué y el Dios que me forzaron a aceptar no eran dos, sino uno (comprobando así, de paso, que los actos e ideas de los hombres distan mucho de las intenciones divinas). Ese día se alivió mi carga y recuperé el nombre que hoy leéis en este artículo, Lumbroso, abandonando el de Ferrand Jiménez de Talavera al que me llevó mi condición de converso y que siempre pesó como una losa sobre mi alma.

            Una vez hecha esta presentación personal (que espero no interpretéis como signo de vanidad, sino como alivio de un espíritu torturado), pasaremos a exponer lo que el pobre Lumbroso pretende en este rincón, que llevará por nombre "Cuarenta años no es nada...", como en el viejo tango, y que, lejos de interpretaciones políticas, alude simplemente a los ya cuarenta y dos años que contemplan al periódico que tienes en tus manos. Así pues, comencemos con un Shalom de bienvenida.

            Iniciamos con este artículo una nueva sección de La Voz de Miróbriga, dedicada a recordar determinados retazos de la vida en el Ciudad Rodrigo de otros años, retazos que quedaron plasmados en las páginas de este periódico. Intentaremos ver esos recuerdos (no tan lejanos y aun frescos, estamos seguros, en la memoria de muchos mirobrigenses), con ojos atemporales, pues aplicar la mentalidad de hoy a hechos pasados es, además de peligroso, irrespetuoso. Peligroso porque esos hechos se deformarían si no se aprecian en su estricto contexto e irrespetuoso porque siempre conviene considerar la conducta humana a la luz de las llamadas "normas de buena conducta", dictadas por unos parámetros sociales siempre cambiantes y que, hoy en día, distan mucho de los imperantes hace cuarenta años.  Ello no impedirá que, en algunas ocasiones, pongamos en relación estos "recuerdos" con sucesos anteriores o posteriores ocurridos en Ciudad Rodrigo, nunca con ánimo crítico o comparativo (que casi todas las comparaciones son odiosas, y aun ociosas), sino con ánimo de dotar de amenidad a una sección que, de otro modo, quedaría constreñida a una aburrida transcripción de la hemeroteca de "La Voz", tan poco atractiva para el lector como para este pobre Lumbroso que la firma (y que pide a Dios que le de esa perseverancia que nunca le sobró, para conseguir que sea de verdad una sección semanal y no esporádica). 


            Lejos de nosotros, por supuesto, la idea de formular juicios de valor sobre cosas que no los admitan, y lejos también la intención de dar o quitar razones, porque ni somos quienes para ello ni creemos que exista una sola razón universal e inmutable. Que cada cual cargue con sus actos y con sus culpas (puesto que son suyas), no es tarea nuestra aumentar su carga ni tampoco aliviarle de ella.

            Después de esta declaración de principios, más extensa y también más retórica de lo conveniente, poco espacio resta para comentar noticia alguna de nuestra historia inmediata (que eso es, ni más ni menos, lo que reflejan las páginas de este periódico). Únicamente nos gustaría trascribir un pequeño párrafo del nº 1 de la Voz de Miróbriga, del día 13 de Julio de 1952, párrafo que relaciona las personas que colaboraron, en aquellos inicios, en el nacimiento de "La Voz":  "Huyendo de las sombras y porque siempre es grato y hasta conveniente saber a quien leemos. LA VOZ DE MIROBRIGA, en su primer número, quiere dar a conocer su cuerpo de Redacción e ilustres colaboradores que, amantes de Ciudad Rodrigo, a ella han de dedicar, sino asiduamente, tal que otra vez sus fáciles y donosas plumas.Integran la primera los M. Is. D. Ramón Morales y D. José María Blanco y los Srs. D. José Manuel Hidalgo, D. Angel Hernández, D. Jesús Huertas, D. Luis V. Rubio, D. Ignacio Domínguez, D. Manuel Martín Orive, D. Abrahám Cid y como redactor gráfico D. Angel Prieto. Su dirección está a cargo de D. Horacio García Lorenzo. (...) Completan esta colaboración figuras tan destacadas como D. Manuel Sánchez Arjona, D. Alejo Hernández, D.  Eloy Montero, D. José Polo Benito, D. Pedro Salvador Vicente, D. Jesús Sánchez Terán, D. Silvestre Durán y el muy ilustre arqueólogo D. Máximo Martín".


            Como ante esa pléyade de escritores no cabe más comentario que la admiración que despierta ver reunido tal número de "fáciles y donosas plumas", despediremos por hoy esta sección, no sin antes desearles a ustedes y a la sección misma buena suerte, Mazel Tov."

Justificación...

Rebuscando entre algunos viejos, y ya casi desterrados, discos duros he dado con una carpeta en la que en su día guardé diferentes artículos y colaboraciones que escribí hace algunos años (en ciertos casos más de los que quisiera recordar) para distintas publicaciones. Y visto que a días sobra el tiempo y hay tardes que nunca se sabe muy bien cómo llenar me he decidido a recuperar este blog, inactivo desde el mismo momento de su nacimiento (2012), e ir publicando en él algunos de aquellos trabajos. Lejos de mi toda pretensión de elogios, pues seguramente al dar a luz, o mejor, al recordar estos escritos destruiré el buen concepto que unos cuantos aún guardan de mí y de mis capacidades “literarias” pero bueno... tómenlo como un simple desahogo personal.
Son escritos que, dado el mucho tiempo que ha pasado desde su publicación, lo efímero de algunos de los medios que los recogieron y, sobre todo, el hecho de que no reúnan las condiciones precisas para ser recordados, han pasado al olvido, por lo cual y aprovechando las facilidades que ofrece la blogosfera (que aún no existía cuando muchos de ellos fueron paridos) he querido recordarlos y ofrecerlos a quienes, seguramente buscando otra cosa, se den de bruces en el buscador con este humilde blog.
El nombre de dicho blog quiere no sólo ser un recuerdo de aquellas antiguas publicaciones, las hojas volanderas, que pasaban de mano en mano con contenido político, satírico o simplemente publicitario. También pretende ser mi personal y modesto homenaje a un sencillo sacerdote mirobrigense, Don Jesús Pereira Sánchez (1879-1945) nacido y fallecido en la Calle de la Valera y a las “Hojas Volanderas” que escribiera mientras fue Párroco en Santa Marina y en las cuales trataba sobre leyendas, tradiciones y lugares mirobrigenses.
Como advertencia para los que estén acostumbrados a otras cosas he de decir que, entre mis escasas virtudes, no está precisamente la de la constancia, por lo que habrá semanas en las que las entradas serán casi diarias y otras en las que serán inexistentes. No pretenderé refugiarme en mis ocupaciones y en la escasez de tiempo libre para justificar mis ausencias... se deberán, simple y llanamente, a las pocas ganas...
Con esta advertencia, con la promesa de publicar hoy mismo o mañana la primera entrada y con una necesaria petición de indulgencia ante mis “desvaríos”, os saluda (como se decía antaño) atentamente vuestro seguro servidor (que besa vuestra mano)...