Mostrando entradas con la etiqueta Cuarenta años no es nada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuarenta años no es nada. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de enero de 2016

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... San Blas.

            Shalom, lectores. Decían los druidas celtas que la fuerza vital, la energía que mueve el mundo, fluye por ocultos y definidos senderos subterráneos y que, cuando dos de esos senderos se cruzan en un punto concreto, la energía allí acumulada es de tal magnitud que hace de esos lugares centros sagrados, idóneos para el culto al Ser Supremo. Quizás esta teoría sea cierta, a juzgar por las muchas iglesias católicas que ocupan el sitio de antiguos templos dedicados al culto de primitivos dioses (aunque, probablemente, el Dios siempre sea el mismo y solamente los humanos nos empeñamos, absurdamente, en cambiarle el nombre).

            Lejos de mi el afirmar que La Caridad fuese el sitio escogido por nuestros antepasados wetones para honrar a sus dioses, pero lo cierto es que algo especial, magnético, entra por los poros al traspasar sus muros. A lo mejor son sólo imaginaciones del temeroso espíritu de este pobre Lumbroso, pero cada año, por San Blas, parecen deslizarse entre las piedras las sombras de sus pretéritos moradores, percibiéndose su presencia incluso en el mismo aire, grave, empapado de cánticos monacales, aunque, cada 3 de febrero, los lejanos ecos de un mil veces entonado De Profundis cederán su espacio a los alegres sones de la gaita y el tamboril. Otros ecos casi perdidos se unirán también al festivo ambiente; los cansados pasos de un viejo monje, el andar alocado y presuroso de algún inquieto novicio, los marciales taconazos del General Junot, la adusta voz de mando del Mariscal Ney...


           
Todo ello será, sin embargo, accesorio en este 3 de febrero, festividad de San Blas, otro de esos días que, como decíamos la pasada semana, unen, como cuentas de un Rosario, la Navidad y los Carnavales. Resulta curioso comprobar la poca atención que dedica la prensa mirobrigense de los años 50 a esta celebración. Apenas alguna nota escueta nos habla de ella, como la publicada en el nº 83, el día 7 de febrero de 1954, "Se celebró la festividad de San Blas, acudiendo poca gente en romería a La Caridad, pues el día fue "de perros" y los más se quedaron a la luz de la candela. Acudió el pleno de la Corporación a recibir la "gargantilla" y venerar la reliquia en la parroquia de San Isidoro, como ya es tradicional, devoción que secundan los mirobrigenses con verdadero fervor hacia el Santo protector de enfermedades de la garganta.". Parece, pues, que el incremento experimentado por la romería de La Caridad ha sido directamente proporcional al abandono sufrido por la imagen que del Obispo de Sebaste se venera en San Pedro, ¡Devotos habrá para ambas, digo yo!. 

            Veamos también como reflejaba la prensa, años antes, esta festividad. Recurrimos para ello a “La Iberia”, del día 8 de febrero de 1908: En la hermosa pradera se confundían la modesta artesana con la más aristócrata señorita, unas saltando a la comba, otras jugando al “corro” y bailando las demás, todas demostraban su alegría y las mamás contemplaban llenas de entusiasmo el cuadro de felicidad que se ofrecía a su vista, recordando al mismo tiempo, aquellos que pasaron, en los que las que hoy eran espectadoras ayer fueron partes principales en la fiesta democrática que presenciaban... ¡Cuanta merienda y que variada!, ¡Cuanta juventud y belleza reunidas!. A pesar de que abundaban los puestos de bebidas escaseaban las “merluzas de secano” (...) falta decir que por la mañana hubo misa en la derruida iglesia, la que amenaza un peligro constante...”  
 
Recorte de "la Iberia", 7 de febrero de 1904.
            Otro año más, como tantos años pasados, los muros de La Caridad acogerán a una multitud anhelosa. Hambrientos unos de bendiciones, hambrientos otros de tradición y otros...simplemente hambrientos, con el pensamiento puesto en el crepitar de una longaniza bajo las brasas y el trago generoso de vino que alivie sus gaznates, complementando así la acción protectora de la gargantilla, pues es justo y necesario adoptar cuantas precauciones sean posibles para que la garganta aguante todo lo que de bueno le espera de aquí al Miércoles de Ceniza. Otro año más, en peculiar mixtura, la devoción se mezclara con la risa, los ritos religiosos con antañones bailes paganos, sin que en nada se desvirtúen ni los unos ni los otros. De nuevo, un mar de pasiones invadirá, presuroso, la quietud del viejo cenobio premostratense. Y por encima de todos, cobijándonos con su manto protector, San Blas. Como dijera Andrés M. Sánchez Gil en su pregón de 1990: "Ahora, Blas, escúchanos/ Ya tienes aquí reunida/ bajo tu copioso manto/ a tu Santa Cofradía/ que te implora en estos días/ hace, ya, quinientos años/ Ayúdanos en la vida.../ Ayúdanos en el llanto.../ Ayúdanos en la lucha/ Ayúdanos ...en el campo/ que nosotros, campesinos/ tenemos rejas y arados/ y corceles y simientes/ ovejas, vacas...y ganchos/ para colgar las miserias/ de las que estamos cansados."     


            Así pues, ya saben. Imploremos la protección del Santo y ... a La Caridad, señores. Feliz semana y Mazel Tov

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... San Sebastián.

Hasta ahora he ido publicando los distintos artículos de "Cuarenta años no es nada..." en el mismo orden en el que aparecieron en su día en "la Voz de Miróbriga". Hoy, para adaptarme al "calendario festivo" me salto unos cuantos (que ya subiré) y me voy directamente a San Sebastián... Éste es el artículo:

 Shalom, lectores. Hace ya muchos años, quiso el ingenio de este bendito pueblo (sin duda, bajo alguna forma de inspiración divina) dedicar sus más fervientes alabanzas, dentro del amplio Santoral católico, a los Santos Sebastián, Blas y Antón. La elección, desde un punto de vista estético, no pudo ser más lógica; siempre sonarán mejor en una plegaria los nombres mencionados que los de otros santos que transitan por esas mismas fechas, como, por ejemplo, Gumersindo, Ansgario, Cirilo o Metodio, por no hablar del muy circunspecto San Severo.

            Al mismo tiempo, la más antigua manifestación del feminismo radical, en particular golpe de estado contra el machismo imperante, reservó para el gobierno de las mujeres el día de Santa Agueda. Todo ello convirtió este inicio del año en fechas en las que, exagerando, podría decirse que el día que no es fiesta, es víspera. Tiempo de vino y rosas en el que el espíritu mirobrigense, en filosófico panta rei, fluye inexorablemente hacia la apoteosis de Don Carnal (olvidemos, por ahora, que Doña Cuaresma volverá a imponer su ley). Con el alma aún rebosante de alegría navideña, un redoble de tambores nos indicará que es hora de subir al Santo. Poco más tarde, la hoguera de San Antón será preludio de otra hoguera, la de la víspera de San Sebastián, cuyo calor habremos de guardar para, al día siguiente, acompañar al Glorioso Patrono de nuevo a su tranquilo reposo, entre los muros de San Cristóbal. Y si, en los días posteriores, se enfría en algo nuestro ánimo, diremos, como Rick en Casablanca, "Siempre nos quedará la hoguera de San Blas"; París, en este caso, nos espera en La Caridad.
 
Procesión de San  Sebastián (c. 1905)
            De entre las festividades que acabamos de mencionar, sin duda la más esperada por los mirobrigenses, y también la más sentida, es la de San Sebastián. A juzgar por este artículo del “Eco del Águeda”. de 1927 parece que, por aquellos años, la fiesta estaba llena de fuerza: La tradición se sostiene vigorosamente a través de los años. Y, cada vez con más fervor, los mirobrigenses acuden a escoltar, en su tránsito por las calles, al príncipe honorario de la milicia, al Santo Mártir. Los tambores que Mederos y Marcule heredaran de Desiderio preceden, con su interminable redoblar, a la procesión... Suena el reloj suelto...”. Sin embargo, en los años 50 la fiesta parece que decayó notablemente... Me gustaría transcribir determinados párrafos de un artículo publicado en el nº 28 de La Voz, del día 18 de Enero de 1953. El autor fue Horacio García Lorenzo, director de este periódico en aquellas fechas: "Nos referimos, concretamente, nada menos que a la fiesta del Glorioso Patrono de nuestra ciudad. Apena observar que aquella devoción que los llorados le dedicaran con tan cálido fervor vaya decayendo lastimosamente hasta convertir la subida y bajada del Santo en un acto de puro formulismo glacial, que a este ritmo dará al traste con nuestra tradición en este aspecto tan importante y de tan rancio abolengo (...) No, esto no debe continuar por tan peligroso camino; es preciso que la brillantez de la fiesta no quede sólo a cargo de los celosos mayordomos, es necesario ayudarles (...) alguna fiesta profana acompañada de otra cultural y el interés de todos los mirobrigenses por honrar a su Patrono con brillantez, serían los puntales del sostenimiento de la fiesta, que a este paso amenaza derrumbarse, llevándose consigo el trozo más arraigado de nuestra tradición".
 
San Sebastián 1951... Los Cardoso portando los redoblantes que
años antes "...Mederos y Marcule heredaran de Desiderio..."
            Los malos augurios que contenía este artículo no se cumplieron, y, al fin, las negras y amenazantes nubes pasaron de largo, llevadas por buenos vientos. No obstante, vano sería enorgullecerse de los aciertos de hoy si no tomásemos como lección los errores de ayer. Todas las tradiciones que rodean a la festividad de San Sebastián son parte de nuestras raíces y, como tales, han de ser cuidadas con mimo. El sencillo redoble de unos tambores; el sereno y solemne caminar (pausado y pautado) de la Banda de Música; el orgulloso pendón de la Cofradía señalando, señorial, el domicilio de los mayordomos; el tránsito de la imagen de los laicos hombros edilicios a las venerables espaldas de los Canónigos; los chochos y el vino al calor de una hoguera que, cuando sea apenas rescoldo, será mil veces saltada; el sonar del Reloj Suelto al paso por la Plaza Mayor, preludio de otros cercanos y festivos sones (a algún amigo se le salta el corazón del pecho a cada golpe de badajo); el vistoso uniforme de los Maceros; los abrigos nuevos de los concejales; el suave ondular de las pañosas; el acompañamiento del Obispo al Palacio Episcopal, de la Corporación al Ayuntamiento, de los mayordomos a su casa, cada mochuelo a su olivo, dicho sea lejos de toda irreverencia; la emotiva ofrenda a los defensores de la Ciudad... e incluso otras tradiciones de carácter más privado, como las comidas de la Peña Gutemberg y sus prolongadas ( en realidad casi interminables, mas, por desgracia, finitas) sobremesas. Remedando  (y casi remendando) la frase cervantina sobre Salamanca, podría decirse: "Peña Gutemberg, que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado". 

            Todas estas pequeñas cosas son las que convierten a Ciudad Rodrigo en lo que es. Sin ellas, subsistiría, pero...¿Viviría?. Por hoy nada más. Feliz semana y Mazel Tov.  

domingo, 10 de enero de 2016

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Peleas de gallos en Ciudad Rodrigo.

Shalom, lectores. Decía un historiador local, hace muchos años, que los habitantes de Ciudad Rodrigo, como naturales de un pueblo regido por el Dios Marte, eran de natural belicosos y dados a las cosas de las armas. Quizás sea mucho decir de un pueblo cuya máxima fatalidad histórica ha sido la de verse continuamente mezclado en disputas territoriales con nuestros vecinos portugueses o en algún que otro conflicto promovido por el afán de "grandeur" de los del piso de arriba. Lo cierto es que, una vez perdido el importante componente castrense de esta plaza, capitalidad militar de la Provincia incluida, y como diría Hernández Vegas: "...desaparecida, últimamente, hasta la pequeña guarnición que, como de limosna, se nos había dejado", ese presunto "natural belicoso" de los mirobrigenses hubo de encauzarse hacia otras modalidades de lucha que, incruentas para el hombre, tienen como protagonistas, no a mariscales ni brigadieres, sino a los "hermanos animales", que diría el poverello de Asís.

            Así, dejando a un lado la secular afición a los toros en estas tierras, vamos a hablar hoy de una práctica que, al menos para este pobre Lumbroso que les habla, le era totalmente desconocida: las peleas de gallos en Ciudad Rodrigo.

Recorte de una crónica taurina de Gregorio Corrochano en ABC (17-09-1935)
            Siendo, como decíamos más arriba, nuestra ciudad hasta los primeros años del siglo relevante plaza militar, no es extraño que esta afición hubiese sido importada por alguno de aquellos bizarros soldados que marcharon a Cuba a defender el ya decrépito y agonizante pabellón del Imperio Español contra los "insurrectos mambises", en sangrienta y patética guerra en la que España gastó, en frase de Cánovas del Castillo "...hasta el último soldado y hasta la última peseta".

            Veamos algunos recortes de La Voz que nos hablan de esta práctica. El primero es una entrevista con el entonces Delegado Sindical Comarcal, Ángel Morales, "...uno de nuestros más veteranos galleros, farinato, heredero en estas lides de aquellos Aparicio y Villasante, que mantuvieron largos años la afición a este deporte gallístico en nuestra ciudad". En la mencionada entrevista, aparecida en el nº 39, el 5 de Abril de 1953, el Sr. Morales nos habla del proceso de selección de los gallos: "A los cinco o seis meses se seleccionan los machos y se "cortan", es decir, se les secciona la cresta (...) Como quiera que al pollito ya le empieza la sangre a "hervir", es necesario, inmediatamente, enjaularlos, al mismo tiempo que se les afeita la cabeza, cortándoles, al paso, los pendientes (...) Pasados ocho meses, es lógico que las puyas o espolones rebasen los veinte milímetros, y entonces pierden la denominación de "pollos" para convertirse en "jacas", pudiendo presentárseles ya en el circo, pelados de pescuezo, muslos y lomo...".Como se ve, los sufrimientos de un boxeador en un gimnasio son pecata minuta, si los comparamos con las "perrerías" que sufren los gallos para llegar a ser auténticos "hombres de provecho".
 
Pelea de gallos.

            El siguiente recorte es una nota publicada en el nº 99, el día 6 de Junio de 1954: "El pasado día 30, y en el Salón Madrid, tuvo lugar la segunda tienta de gallos, que viene organizando el futuro Club Gallístico de Ciudad Rodrigo. Ha despertado gran animación y el local se encontraba completamente lleno de público. Fueron tentados dos pollos de la gallera de D. Juan Aparicio, uno de D. Santos Gómez y otro de D. Gabriel Hernández "Carabinas", que dieron un excelente resultado, apreciándose en todos ellos buena casta y aptitudes (...) Este Club se está organizando nuevamente por haber decaído la afición que existía hace más de treinta años, gracias al decano de la fiesta, D. Juan Aparicio, que ha sabido conservar aquella casta de antaño". Para alguien, como quien les habla, que sólo ha conocido las peleas de tarántulas en los fosos (modalidad "deportiva" muy en boga entre los niños de entonces), causa asombro la existencia de esta afición en Ciudad Rodrigo, aunque más extraño aún parece el intento de consagrar en nuestra ciudad las ¡carreras de galgos!. En una entrevista realizada en el nº 60, el día 30 de Agosto del 53, el entonces Alcalde, D. Joaquín Martín Báez, manifestaba, refiriéndose al "futuro" campo de deportes: "Tenemos la intención de terminarlo para el próximo otoño y quedará magnífico, con campo de baloncesto, piscina, CANÓDROMO, tenis, fútbol y pista de atletismo...". Visto lo visto, quizás el proyecto debió ser menos ambicioso, ya que, si bien es cierto que "El que no llora no mama", no lo es menos que "Quien mucho abarca, poco aprieta".


            Nada más por hoy. Feliz semana y Mazel Tov.   

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Fuentes, caños y grifos.

Shalom, lectores. ¿Quién, de entre nosotros, no tiene, ligado a sus años de infancia, el recuerdo de alguna fuente?. Dejando a un lado las muchas que afortunadamente sobreviven, ¿Quién no ha creído perder una parte de su niñez cuando el maldito progreso hacía desaparecer alguna de ellas?. Ya fuera la del Campo del Trigo para muchos "chupines" o el enorme pilón que había junto al actual Mercado de Abastos para otros tantos "arrabaleños", cada una de esas fuentes perdidas se ha llevado consigo una buena parte de nuestra memoria.

            Fuentes, todas y cada una de ellas, con su pequeña historia a cuestas. ¿Acaso alguno de los veladores del "Moderno" oyó ajustar más tratos que el mencionado pilón del Campo de las reses? ¿Cuantos requiebros y cuitas de amor entre las jovencitas y los soldados de Antequera escucharía aquel desaparecido grifo de la Rúa del Sol?. Los X, en copla de 1929, cantaban: "Cuando el sol se va durmiendo/ por las lomas de poniente/ van con el cántaro al grifo/ las mozas muy sonrientes/ Y en el quicio de una puerta/ todos los días yo veo/ que los soldados se ponen/ verdes de tanto flirteo... Vamos al grifo/ que se pone el sol/ vamos al grifo/ de la Rúa del Sol". ¡Aquellas "mozas del cántaro" que fueron el remedio al tantos años deficiente abastecimiento de aguas en nuestra ciudad!.

El grifo de la Rúa del Sol
            Pocas fuentes, sin duda, habrán visto más juegos de niños u oído más gritos de madres que la que existió en el Campo del Trigo y que antes ornase la entonces Plazuela de Béjar, hasta su reforma en 1928, cuando se trasladó a dicha plazuela la fuente monumental que antaño presidiera nuestra Plaza Mayor. Pocas como ella han sido, sin embargo, objeto de tanta polémica (incluso después de desaparecidas, como todos sabemos). Veamos dos recortes de La Voz de Miróbriga para recordar las desventuras y sinsabores de tan desdichada fuente, sinsabores procedentes no del vandalismo, como pudiera parecer, sino de los descarnados epítetos que le dedicaba la prensa local. El primero es un editorial de La Voz del 19 de Abril de 1953 (nº 41), "...¿y qué decir de esa fuente antihigiénica, cascajosa y antiestética con que se ha venido queriendo ornamentar la amplia plaza de Cristóbal de Castillejo?, ¿es que no podría ser sustituida por otra, aunque sencilla de piedra (que no se parezca a la de la Plaza del Conde), completando la ornamentación del antiguo Campo del Trigo con algún jardincillo, siquiera fuese modesto?", la gama de adjetivos, como puede verse, es de lo más completa, pero por si faltaba alguno, veamos otro recorte; se trata de un comentario de la Sección "La vida en la ciudad", del día 26 de Septiembre de 1954 (nº 117): "¿Se han fijado en la magnífica plaza en que se ha convertido el antiguo Campo del Trigo? Qué bonita es..., pero ¡Que abandonada! La fuente, de horroroso y antiestético cemento, chorreando de verdes muscíneas y algas, más dan deseos de sentirse dinamitero que de admirador de lo bello. Está pidiendo una renovación total, más a tono con el ambiente de la plaza y del lirismo de su titular, el eximio Cristóbal de Castillejo". ¿Es posible que tan denostada fuente fuese la de la diosa Ceres?. A juzgar por los despiadados calificativos no lo parecería, pero me temo que efectivamente, era la Fuente de Ceres... "Cosas veredes, amigo Sancho".
La Fuente de Ceres en el Campo del Trigo (Fotografía  F. Martínez) y en la Plazuela de Béjar (Dibujo Iván de Nogales)

            Por último, y ya que hablamos de la estatua de Ceres, ¿Que ha sido del intento por recuperarla?. Gran idea la del concejal de rehabilitarla en el parque de los Tilos; loable intento el de algunos mirobrigenses por encontrar el emplazamiento más correcto para la misma; pero, al cabo... ¿Qué fue de ella? ¿Leeremos de nuevo sobre su tumba, a modo de epitafio: "Entre todos la mataron y ella sola se murió"? (1)  

            Nada más por hoy, feliz semana y por supuesto, Mazel Tov.           



     (1) El último párrafo fue modificado por Pepe Casamar, ya que el mismo día en que le entregué el original para su publicación, el Concejal encargado había hecho entrega a la Casa de la Cultura de la estatua de la Diosa Ceres o Démeter, para exponerla allí, ante el temor de que si se ponía en alguna fuente pudiera resultar dañada por algún acto vandálico.

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... La moralidad en el Águeda.

Shalom, amigos. Decíamos nuestra primera semana en estas páginas que siempre conviene considerar la conducta humana a la luz de unas "normas de buena conducta", dictadas en base a parámetros sociales siempre cambiantes. Y, ciertamente, pocos de esos parámetros tan cambiantes como los criterios morales. ¡Los  moralistas!, esas personas que, compartiendo cartel con los médicos, se empeñan en prohibirnos los más atrayentes placeres, ya sea en "beneficio" del alma o del cuerpo.

            Pretendemos hoy, sin ánimo crítico ni comparativo alguno, realizar, en base al archivo de "La Voz", un breve apunte de la moralidad imperante en la España, y más concretamente, en el Ciudad Rodrigo de los años 50.  

            Siendo éste un tema tan amplio (además de escabroso), vamos a intentar centrarlo en un aspecto tan nuestro, y, en principio, tan poco relacionado con la moralidad, como el río Águeda. Si piensan que nada tienen que ver ambos temas, nada mejor para comenzar a iluminarles el camino que un artículo firmado por "Malva", en el número 5 de este periódico, el día 10 de Agosto de 1952: "...A más de una hemos podido observar que, al dirigirse al baño, trocaba su natural andar de vestida por los pasos afectados y vergonzosos del que camina a sabiendas de que comete un desaguisado exhibitorio, de tan escasa tela como amplios comentarios (...) ¿Por qué al bañarnos en la piscina, en la playa o en las márgenes del Águeda, quebrantáis tan crudamente la más bella regla de la estética y la ilusión? (...) Porque ¿Qué decir de la muchachita o señora que, limpia su alma con su conciencia desde bien temprano, antes del mediodía vuelve a ensuciarla, exhibiendo, a veces ante sus propios hijos, su ridícula desnudez que ha querido hacer que cubran apenas algunos discos unidos por levísimos tirantes?".

            "Malva", echando sobre nuestras espaldas la pesada carga de ser "reserva espiritual de Occidente", concluía: "(...) Si ha de ser nuestra patria, con el país hermano, cáliz donde han de conservarse fragantes las esencias de la Cristiandad, si así lo han afirmado, en más de una ocasión, beatíficas y paternales palabras, no hagamos traición a tan supremo y alagador destino por cosa tan fútil y ligera, demasiado ligera, como un traje de baño".

Vista de la alameda de La Moretona desde una ventana del Parador de Turismo. Zona acotada de baños para mujeres y niños en los años 50.
            Como ven, poco que ver con los criterios morales de estos años 90 que nos ha tocado vivir. ¡Cuántos echarán de menos esos "discos unidos por levísimos tirantes"!, ¡Aquellos 50!. Claro que el paso de los años no siempre implica un ¿avance? en las pautas de conducta moral. Valga como ejemplo el ejercicio de la llamada "profesión más antigua del mundo", prohibida y castigada en los 50 y, en cambio, perfectamente reglamentada en el siglo XV, como vemos por la siguiente Ordenanza que regulaba el ejercicio de la prostitución en Ciudad Rodrigo, allá por 1441, "...que ninguna mundaría non esté en la çibdad para facer mançebía, salvo que se vaya a la puente;  en otra manera se le darán 60 açotes. E que ninguna non tenga rufián, so pena de 60 açotes, ansy al rufián conmo a ella."

            Volviendo al río, en el que estábamos, entresacamos de "La Voz", la respuesta del "Consultorio del Profesor Omnius" a un atribulado católico, en el número 59, el 23 de Agosto de 1953: "...no es malo bañarse en el río si la intención es buena (...) Hoy día ya es costumbre no asustarse de ver a las chicas en traje de baño, mas se debe procurar no hacer mucho alarde de ello, sobre todo cuando se encuentran cerca determinadas personas susceptibles al escándalo ...Pero en fin, si usted tiene esas dudas y esos escrúpulos, lo mejor que debe hacer es consultar con su confesor o no bañarse en el río" .      

            Decía un famoso torero que hay cosas que no pueden ser y, además, son imposibles; sin embargo, parecería, leyendo los anteriores artículos, que el río Águeda se había convertido en los 50, en un "foco endémico de promiscuidad", opinión que ayudaría a confirmar la decisión del Ayuntamiento de delimitar zonas exclusivas de baño para mujeres y niños, en la Moretona, aunque por lo visto siempre hubo furtivos cazando en estos cotos, como demuestran los siguientes recortes de "La Voz":

            El primero es un artículo de Amadís de Miróbriga, en el núm. 105, correspondiente al 11 de Julio de 1954: "El río va recibiendo en sus límpidas aguas bañistas de ambos sexos, que buscan alivio a las exudaciones y calores de la jornada. Y nos gustaría que se observasen con mayor rigurosidad las zonas demarcadas para las mujeres, que, al parecer, van saltándose a "la torera" la disposición legal que lo regula más de uno".

Antonio Custodio Paz, "Amadís de Miróbriga"
            El otro ejemplo es una nota firmada por B.V.B., en el núm. 108, del 11 de julio de 1954: "...ya se está dando el bochornoso caso de mozuelos bañándose en la zona de mujeres y niños (Moretona) "sin traje de baño alguno" y sin ningún respeto hacia ellas".  

            En fin, que parece que nuestras Autoridades nunca vieron con buenos ojos el uso (o abuso) de las riberas del Águeda como lugar de "esparcimiento", y en un extraño afán de poner puertas al campo, siempre intentaron evitarlo, ya fuera intencionadamente, acotando zonas de baño separadas, o ya, como efecto colateral de alguna medida tan simple como la tala de las Alamedas a la que aludían Los X, en copla de 1932: "Desde la famosa tala/ que la Alameda sufrió/ no se puede en aquel sitio/ tener pláticas de amor/ Como cortaron las ramas/ ya no hay sombra ni verdor/ los pájaros se marcharon/ ¡y el follaje se acabó!".

            Para terminar, una advertencia: Que nadie vea en este artículo toma de posición alguna, ni a favor ni en contra de nada. Después de cinco siglos, el espíritu de este pobre Lumbroso ha visto demasiado como para seguir creyendo en buenos y malos (y mi fe en los Regulares terminó cuando perdimos las últimas colonias).


            Nada más. Feliz semana. Mazel Tov

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... El problema de la limpieza.

Shalom, amigos. Uno de los temas más ampliamente tratados en estas páginas, a lo largo de los años, ha sido el de las quejas de los mirobrigenses referidas a la limpieza de nuestra ciudad; protestas motivadas, lógicamente, por el hecho de que nunca fueron nuestras calles dechado de perfección en tal sentido. Únicamente el tema del abastecimiento de aguas (al que acudiremos otro día), verdadera cruz histórica de este municipio, haya sido quizás más tratado que el que hoy nos ocupa.

            Ya fueran ciudadanos indignados por la suciedad de sus propias calles o barrios, ya expresando sus lamentos por la falta de higiene de la ciudad en su conjunto, encontramos en nuestra hemeroteca verdaderos tratados acerca de "El rechazo de la mugre y reivindicación de su destierro". Así pues, no carguemos todas las culpas en la sociedad de hoy si, al pasar un domingo por la mañana por la desventurada calle de La Peña, nos vemos obligados a realizar un vertiginoso slalom para esquivar esos pequeños arroyos que parecen manar de sus paredes los sábados por la noche, a una altura aproximada de unos 80 centímetros y que, al confluir en el centro de la calle, dejan pequeño al arroyo de San Giraldo.   

            Valgan para demostrar lo endémico y arraigado de tal mal en nuestra ciudad algunos recortes de los viejos números de "La Voz", comenzando por una queja firmada por "Farinato", en el nº 10, correspondiente al día 14 de septiembre de 1952: "...¿Por qué no se barren la mayor parte de los días muchas y céntricas calles de los Arrabales, convertidas a veces en muladares y focos de reproducción de insectos y parásitos?". Como se aprecia por el tenor de las palabras del denunciante, el problema era, entonces,  de mayor calado que en la actualidad; pero claro, desde que se extendieron como una plaga los locos automovilistas con sus locos cacharros, las pobres mulas pasaron, casi totalmente, al baúl de los recuerdos, con lo que los muladares ya no pueden invocarse ni tan siquiera en plan metafórico. 

El primer camión de basura de Ciudad Rodrigo (1965)
            No con menor enojo protestaba contra la suciedad existente en algunas de nuestras calles un editorial de "La Voz" del 19 de abril de 1953 (nº 41): "...pero ¿y esas otras, como la tan poética del Almendro, sin ir más lejos, donde los detritus esperan con su desecación la desintegración hasta convertirse en polvo merced a los rayos solares? ¿y esa calle del Correo Viejo tantas veces vapuleada y puesta en candelero a través de chistes y cantares, convertida, a un paso de la Plaza, en evacuatorio público, para vergüenza de propios y extraños, sin olvidar al "portugués de marras" en alusión al agua de las sardinas de tal cual pescadero?". Viendo el estado actual de la calle del Almendro, cuna de un afluente del arroyo que localizábamos antes en la de La Peña, parece que hay calles condenadas a sufrir eternamente los rigores de este infierno, ¿Quosque tandem, inmunditia, abutere patientia nostra?.

            Claro que, como dijimos antes, el problema ni es de hoy ni de los años 50. No hay más que recurrir a esa fuente inagotable de noticias, dimes y diretes que son las coplas de la Murga para hacerse una idea. En 1922, los Becuadros cantaban: “Si viene algún forastero/ no se te ocurra, ¡Por Dios!/ llevarle por una puerta/ donde hay un “perfumador”./ Pues bien pudiera ocurrir/ que se venga a divertir/ y le ocurra algo peor/ por no poder aguantar/ el perfume sin igual/ que hay en la Puerta del Sol”. Por fortuna, pocos años después, en 1927, el nuevo Alcalde, Don José Manuel Sánchez-Arjona, dotó debidamente, por vez primera, a la Delegación Municipal de Limpieza Viaria, bajo la dirección del Concejal Don Amós Belmonte. Así, aprovechando un “donativo anónimo” de 5.000 pesetas, encargó a Barcelona cuatro carritos de Píccolo, un furgón cerrado herméticamente para reunir las basuras y un carro-cuba para el riego de las calles. En otro periódico local, “Tierra Charra”, el día 4 de Diciembre de 1927, se daba cuenta de la siguiente noticia: "Se ha dado orden por la Alcaldía para que en el plazo de 8 días queden limpios de basura los fosos de la Puerta del Sol (...) De ahora en adelante, los residuos que recojan por la calle los carros "Picolo", se acumularán en depósitos cerrados, de los que, cada 8 días, se trasladarán a las huertas (...) ¡Buena falta hacían estas plausibles disposiciones!". Como se ve, en aquellos días, las basuras se depositaban, a la buena de Dios, en los fosos, vertedero tradicional de esta ciudad (ahorrándose con ello los ínclitos ediles múltiples quebraderos de cabeza, estudios sobre permeabilidad y filtraciones, impactos ambientales y subastas para adquisición de terrenos).
 
D. José Manuel Sánchez-Arjona de Velasco, "El Buen Alcalde"
            Parece que, pese a tan "plausible disposición" de la Alcaldía, siguió vigente la tradición de los fosos como fin de viaje de los carritos "Picolo", además de ser eterno fin de trayecto de muchos (apresurados o desalmados) aparatos digestivos. La genial murga "Los X", en una copla de 1932, cantaba: "Un turista en la muralla/ miraba con emoción/ la brecha que en las defensas/ abrió el gabacho cañón/ Y pensando distraído/ su olfato se resintió/ al ver que de aquellas glorias/ las cenizas removió".

            Aun en 1953, en un artículo firmado por Amadís de Miróbriga,  en el nº 73 de "La Voz", del día 29 de Noviembre de ese año, se formulaba esta pregunta: "¿Sería muy costoso el adecentamiento de la Puerta de San Vicente y la retirada de los estercoleros que hay en aquel contrafoso, supresión del vertedero de escombros y destrucción de aquella garita de consumeros, que hace de aquel lugar algo nauseabundo y repugnante?".

            ¡Eterno problema!. Mas, a pesar de la acusada longevidad del mismo, no vale desesperarse. No nos llevemos las manos a la cabeza diciendo "Ciudad Rodrigo está más sucio que nunca", ni las elevemos al cielo al grito de "Esto no tiene remedio". Ni las posturas alarmistas ni las derrotistas solucionan el mal; ahora bien, este pobre Lumbroso mentiría si les dijera que conoce la panacea. Eso sí, sigamos denunciando la falta de higiene, sin alarmismos ni derrotismos, pero, sea en artículos, coplas o cantares, denunciémosla, porque la única suciedad que "cien años dura", es la oculta. La que se saca a la luz, aunque de momento huela, desaparece tarde o temprano.


            Por hoy, nada más. Mazel Tov.      

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Apertura de la Puerta de Amayuelas

Shalom, lectores. Siempre fue "La Voz", como corresponde a todo semanario local, termómetro de opinión pública y escenario de encendidas polémicas, productivas unas, estériles las más, pero en cualquier caso, interesantes y atractivas todas ellas. Traemos hoy a esta sección uno de esos debates, verdaderos duelos a múltiples bandas y en letra impresa. La mecha que encendió la controversia que hoy nos ocupa fue un editorial publicado en el nº 3 de La Voz, el día 27 de Julio de 1952. Ante los avances de la automoción en los primeros años 50, que habían hecho del automóvil y los autobuses objetos cotidianos, abandonando la condición que hasta poco antes ostentaban, cercana casi a los fenómenos de feria, se planteó la necesidad de habilitar nuevos accesos al recinto amurallado, de dimensiones adecuadas para el tráfico rodado. El editorial citado decía: "No hace mucho, visitó nuestra ciudad un autorizado arquitecto del Ministerio de Educación Nacional, y ante el municipio expuso un proyecto de entrada al recinto amurallado que se conoce con el nombre de entrada de la "Puerta del Rey". Si este proyecto se lleva a cabo, la solución sería altamente satisfactoria para toda la población. Pero si, por la magnitud de la obra, fuere irrealizable, podría hacerse el estudio de lo que a continuación diremos. A la izquierda de la Puerta de Amayuelas, por la parte externa de la ciudad, queda un lienzo de muralla a nuestro juicio practicable, que tal vez viniera a solucionar el problema a gusto de todos...". No conozco más datos de este denominado proyecto de "La Puerta del Rey" y, por tanto, no sé exactamente en qué consistía. Lo cierto es que dicha Puerta del Rey existió antaño en nuestra ciudad, en el sitio que hoy conocemos como La Brecha, siendo cegada por necesidades de defensa, como consecuencia de los asedios de 1810 y 1812.


            
Por informaciones sucesivas de La Voz, parece que este proyecto de la "Puerta del Rey" fue desestimado y se comenzó a estudiar la posibilidad de ensanchar alguna de las puertas ya existentes, posibilidad contra la que, con razón, se levantó pronto la voz de este periódico. Así, en un editorial de 17 de Mayo del 53 (nº 45) y bajo el título Proyecto de atentado al histórico recinto de nuestra ciudad, se decía: "Y son precisamente víctimas elegidas, nada menos que dos de sus más antiguas e interesantes puertas, las más visibles y de más frecuentado acceso a la ciudad: la de las Amayuelas y la del Conde (...) Y son casualmente también cultos e ilustre hijos de Ciudad Rodrigo los que con ánimo desalentado hacia otra solución más acertada, aceptando la peor, dispónense a la hora presente a gestionar con calor la concesión del primer piquetazo deformador al conjunto de nuestro incomparable recinto amurallado (...) ¿Es que para proporcionar amplia entrada a los coches de línea y autocares no existe otra solución que la destrucción (que tal supone la deformación pretendida) de la singular Puerta de Amayuelas?"
            Ningún suceso que se califique como tal, merece ser recordado si no levanta divergencias, y uno de tal calibre como este, lógicamente, pronto contó con defensores y detractores, cuyas voces, unas y otras, quedaron recogidas en estas páginas. Entre los detractores, recogemos la opinión de una ilustre colaboradora de este periódico en sus primeros años, Margarita Landi, que en un artículo publicado el día 19 de Julio del 53, (nº 54), decía: "...se lamenta Carpio de Azaba de que los años pasan sin que se llegue a abrir otra puerta de acceso a la muralla. ¡Afortunadamente, y que Dios quiera que sea así! (...) Y si cree que Ciudad Rodrigo sólo sería en ese caso interesante para los turistas  ¿Ignora que "eso" ya es un buen negocio? (...) Ciudad Rodrigo no tiene, ni creo que llegue a tenerlo nunca, un gran movimiento comercial incompatible con sus murallas añosas y con su admirable ambiente medieval. (...) Ese comercio puede estar perfectamente fuera de las murallas, si es que llega el momento preciso, sin perjudicar en nada al del interior (...) Que los arrabales crezcan, se limpien y se embellezcan, pero que la ciudad madre quede así, dormida en la Edad Media, como un corazón bravo y noble encerrado en el santuario de su muralla medieval".


            
Como se ve, lo que en un principio fue una polémica sobre los accesos a la ciudad derivó, pronto, en una discusión conexa sobre el carácter, monumental o industrial de la propia ciudad o, al menos, sobre el más conveniente futuro de la misma, el comercio o el turismo. Entre los defensores del comercio en la ciudad y de la necesidad de protegerlo, recogemos la opinión de Manuel Martín G-Apola, en un artículo del 2 de Agosto del 53, (nº 56): "...Hay que dotar al comercio de la ciudad de los medios necesarios para defenderse de la competencia que en día más o menos lejano se instalará en San Francisco, si el Señor lo permite. Uno de estos medios es el fácil acceso. Tengo el convencimiento de que no hay que tocar lo "monumental o artístico". Con dar mayor ancho y alto a las bóvedas de Amayuelas y Sol, está todo concluido. Y para esto tiene muchos medios la ingeniería actual. (...) Yo también estoy enamorado de lo histórico, monumental y belleza arquitectónica de Ciudad Rodrigo, pero de hombre de pluma, para lo que sentí ilusión, me quedé en hombre de negocios. Y las consecuencias ya las está viendo."

            Finalmente, La Voz, en su nº 58 del 16 de Agosto de 1953, informaba de la solución definitivamente adoptada por las "altas instancias": "El proyecto en sí, nos llena y nos satisface en todas sus partes (...) porque además, se da la coincidencia de que es la misma solución que daba nuestro semanario en su número del 27 de Julio del 52. Consiste en abrir una bóveda a la izquierda de la Puerta de Amayuelas, en la parte externa de la ciudad, en el lienzo de muralla que se considera adecuado para la obra, Con esta reforma no se toca, en nada, la entrada que en la actualidad existe y que para nosotros es la más interesante del recinto amurallado".


            
Quedaba así zanjada la polémica, al menos la relativa a como facilitar el acceso de autobuses y automóviles al recinto amurallado. En cuanto a la discusión paralela acerca del Ciudad Rodrigo turístico-Ciudad Rodrigo comercial, la consideramos cerrada con un magnífico artículo de Alejo Hernández (nº 59, 23 de Agosto de 1953), del que, a riesgo de extendernos demasiado, no nos resistimos a entresacar los siguientes párrafos: "Lo primero, a mi juicio, es plantear bien el problema. No debe tratarse este asunto haciendo de él un dilema: "O ciudad artística o ciudad industrial". Hay que armonizar en vez de establecer disyuntivas. (...) El que exista una ciudad poética llena de espirituales aromas del medievo, como un marco arquitectónico para conservar nuestras leyendas tradicionales, no impide el que haya otra ciudad artesana y laboral a su lado, donde el sanchopancesco aforismo de primum vivere, deinde philosophare sea tenido en cuenta lo que sea menester. (...) Cuando se detiene un camión cargado de hortalizas o chatarra bajo el arco gótico en que puso toda su espiritualidad un maestro del siglo XIV, ni el arco se encoge ni la mercancía se perfuma. La sabia naturaleza los separa bastante para que coexistan indiferentes; no se oponen el arco con su belleza, la mercancía con su utilidad y Dios deja que el hombre seleccione: este puede entusiasmarse en la contemplación de las líneas armónicas, el otro puede gozar el cálculo de los precios marginales de una posible reventa. Hay para todos los gustos". Después, interpretando maravillosamente el popular "Dentro de cien años, todos calvos", Alejo Hernández concluía: "El día en que todo se pierda vamos a tener que dejar a la misma distancia lo artístico y lo práctico, ni un canecillo labrado ni una letra con buen aval nos hemos de llevar en el bolso de la mortaja...". Gran interpretación la de Alejo Hernández de la teoría del centro entre los extremos, postura la suya poco práctica si se quiere, pero indudablemente de bellísima expresión.


            
Como último recorte que entresacamos del archivo de La Voz, el día 22 de Agosto de 1954 (nº 111) se publicaba la siguiente noticia: "En el Boletín Oficial del Estado del pasado día 13, se publicó la aprobación del trazado de acceso que se tenía proyectado para hacer una entrada amplia en la muralla hacia el interior de nuestra ciudad por la Plaza de Amayuelas..."
 ¡Hecho consumado!. Ventajas, muchas; inconvenientes, quizás los mismos. Probablemente, para los más castizos, la mayor desventaja de la nueva Puerta fuera ver desaparecer una de las más seguidas atracciones en el Ciudad Rodrigo de los años cuarenta: las increíbles maniobras del Sr. Gudinho para introducir los autobuses de Alipio en la ciudad por la Puerta del Conde. ¡Aquellos tiempos que no volverán!


            Nada más por hoy. Como siempre, buena suerte para la semana entrante. Mazel Tov.      

sábado, 9 de enero de 2016

CUARENTA AÑOS NO ES NADA... Presentación

Allá por 1992 o 1993 (ni me acuerdo ni tengo los ejemplares a mano), el Director de la “Voz de Miróbriga”, Pepe Casamar,  me preguntó si podría hacer una colaboración semanal con dicho periódico. Del estricto cumplimiento de la periodicidad que me solicitaba (dada mi inveterada falta de constancia) no estaba seguro, pero si que tenía ganas de hacerlo. Aprovechando que (por aquellas fechas) se celebraban los 40 años del nacimiento de “La Voz” decidí centrar dicha colaboración en preparar comentarios sobre las noticias aparecidas en ese medio justo 40 años atrás, para lo cual Pepe Casamar, amablemente, me prestó sus ejemplares encuadernados de los primeros años de existencia del semanario local (lo cual, como podréis imaginar, supuso para mí un goce inenarrable).  

La sección se llamó “Cuarenta años no es nada”, recordando la letra del famoso tango y los artículos iban firmados por “Lumbroso”,  nombre documentado de uno de los habitantes de la Aljama judía de Ciudad Rodrigo a finales del siglo XV, poco antes de la Expulsión... Es mi intención colgar en este blog los escasos artículos que pude dar a luz. Unos serán absolutamente literales, otros los arreglaré con datos nuevos y todos los enriqueceré con  imágenes de las que, entonces, no disponía y que hoy están a mi alcance y al de todos aquellos que quieran sumarse a ese gran proyecto que es el Grupo de Facebook “Fan de Ciudad Rodrigo”.  Éste que os reproduzco ahora es el primero de los artículos de aquella serie... 

            "Judío soy, o lo fui, no estoy seguro. De nombre Lumbroso, mercader, Procurador de la Aljama y vecino de ese Ciudad Rodrigo amado, tan amado por mi que para continuar entre sus muros hube de abjurar de la fe de mis mayores en un lejano día, más de quinientos años ha. Desde ese día viví penando, temeroso, pidiendo perdón a Yahveh por haberle abandonado y al Dios de los cristianos por alabarle sólo en público, negándole en la intimidad de mi casa, en una judería sin judíos, frente a una sinagoga que ya no lo era.

            Y esos temores no me abandonaron hasta el día de mi muerte, cuando comprobé que el Yahveh que negué y el Dios que me forzaron a aceptar no eran dos, sino uno (comprobando así, de paso, que los actos e ideas de los hombres distan mucho de las intenciones divinas). Ese día se alivió mi carga y recuperé el nombre que hoy leéis en este artículo, Lumbroso, abandonando el de Ferrand Jiménez de Talavera al que me llevó mi condición de converso y que siempre pesó como una losa sobre mi alma.

            Una vez hecha esta presentación personal (que espero no interpretéis como signo de vanidad, sino como alivio de un espíritu torturado), pasaremos a exponer lo que el pobre Lumbroso pretende en este rincón, que llevará por nombre "Cuarenta años no es nada...", como en el viejo tango, y que, lejos de interpretaciones políticas, alude simplemente a los ya cuarenta y dos años que contemplan al periódico que tienes en tus manos. Así pues, comencemos con un Shalom de bienvenida.

            Iniciamos con este artículo una nueva sección de La Voz de Miróbriga, dedicada a recordar determinados retazos de la vida en el Ciudad Rodrigo de otros años, retazos que quedaron plasmados en las páginas de este periódico. Intentaremos ver esos recuerdos (no tan lejanos y aun frescos, estamos seguros, en la memoria de muchos mirobrigenses), con ojos atemporales, pues aplicar la mentalidad de hoy a hechos pasados es, además de peligroso, irrespetuoso. Peligroso porque esos hechos se deformarían si no se aprecian en su estricto contexto e irrespetuoso porque siempre conviene considerar la conducta humana a la luz de las llamadas "normas de buena conducta", dictadas por unos parámetros sociales siempre cambiantes y que, hoy en día, distan mucho de los imperantes hace cuarenta años.  Ello no impedirá que, en algunas ocasiones, pongamos en relación estos "recuerdos" con sucesos anteriores o posteriores ocurridos en Ciudad Rodrigo, nunca con ánimo crítico o comparativo (que casi todas las comparaciones son odiosas, y aun ociosas), sino con ánimo de dotar de amenidad a una sección que, de otro modo, quedaría constreñida a una aburrida transcripción de la hemeroteca de "La Voz", tan poco atractiva para el lector como para este pobre Lumbroso que la firma (y que pide a Dios que le de esa perseverancia que nunca le sobró, para conseguir que sea de verdad una sección semanal y no esporádica). 


            Lejos de nosotros, por supuesto, la idea de formular juicios de valor sobre cosas que no los admitan, y lejos también la intención de dar o quitar razones, porque ni somos quienes para ello ni creemos que exista una sola razón universal e inmutable. Que cada cual cargue con sus actos y con sus culpas (puesto que son suyas), no es tarea nuestra aumentar su carga ni tampoco aliviarle de ella.

            Después de esta declaración de principios, más extensa y también más retórica de lo conveniente, poco espacio resta para comentar noticia alguna de nuestra historia inmediata (que eso es, ni más ni menos, lo que reflejan las páginas de este periódico). Únicamente nos gustaría trascribir un pequeño párrafo del nº 1 de la Voz de Miróbriga, del día 13 de Julio de 1952, párrafo que relaciona las personas que colaboraron, en aquellos inicios, en el nacimiento de "La Voz":  "Huyendo de las sombras y porque siempre es grato y hasta conveniente saber a quien leemos. LA VOZ DE MIROBRIGA, en su primer número, quiere dar a conocer su cuerpo de Redacción e ilustres colaboradores que, amantes de Ciudad Rodrigo, a ella han de dedicar, sino asiduamente, tal que otra vez sus fáciles y donosas plumas.Integran la primera los M. Is. D. Ramón Morales y D. José María Blanco y los Srs. D. José Manuel Hidalgo, D. Angel Hernández, D. Jesús Huertas, D. Luis V. Rubio, D. Ignacio Domínguez, D. Manuel Martín Orive, D. Abrahám Cid y como redactor gráfico D. Angel Prieto. Su dirección está a cargo de D. Horacio García Lorenzo. (...) Completan esta colaboración figuras tan destacadas como D. Manuel Sánchez Arjona, D. Alejo Hernández, D.  Eloy Montero, D. José Polo Benito, D. Pedro Salvador Vicente, D. Jesús Sánchez Terán, D. Silvestre Durán y el muy ilustre arqueólogo D. Máximo Martín".


            Como ante esa pléyade de escritores no cabe más comentario que la admiración que despierta ver reunido tal número de "fáciles y donosas plumas", despediremos por hoy esta sección, no sin antes desearles a ustedes y a la sección misma buena suerte, Mazel Tov."